Sólo necesito amor: Repetimos hasta el cansancio que sólo necesitamos alguien que nos ame, comprenda, mime y nos dé estabilidad, pero al mismo tiempo sentimos repulsión por un hombre excesivamente bueno que nos manifiesta abiertamente su adoración.
Sacrificio alimenticio: Nos proponemos seguir una dieta extrema para lucir fenomenales en ese matrimonio que nos invitaron. No obstante, el día de la fiesta comemos como una piraña fuera de control.
Acoso exclusivo: Nos quejamos a más no poder cuando un hombre demasiado insistente nos intenta seducir, pero nos volvemos locas cuando por fin deja de hacerlo.
Disconformidad capilar: No sé por qué nunca estamos conformes con nuestro cabello. Si es liso lo ondulamos, si es rizado lo planchamos, o si es oscuro lo teñimos rubio.
Coqueteo inútil: Por alguna extraña razón, más de una vez nos empecinamos en seducir a un hombre, sabiendo con seguridad que jamás vamos a dejar que nos toque un pelo. ¿Seremos coquetas por naturaleza o nos gusta hacerlos sufrir?

